Sobre el embarazo

Aunque he prometido que este no será un blog de madre, ahora que falta poco para que nazca el pequeño T me apetece pararme y pensar en cómo están siendo estos meses  de embarazo con él dentro.

Lo primero que he aprendido es que tu maternidad es una de esas cosas de las que todo el mundo opina y encima cree tener derecho a hacerlo. Lo segundo, que es una fuente inagotable de preocupación e ilusión a partes iguales, aunque intercaladas.

Que si mucha tripa, que si poca tripa. Que a ver si vas a estar alimentándote poco o comiendo demasiado. Que si tanta actividad no puede ser buena para el bebé, pero llevar tanto rato sentada es malísimo. Y así mil ejemplos, por no mencionar los consejos no solicitados sobre el cuidado del bebé. Lo que he sacado en claro es que hace falta saber cuáles son tus referentes y que todo lo demás te entre por un oído y te salga por el otro.

Sobre la preocupación, viendo a cualquier padre del mundo, ya intuía que viene de serie con esto de traer un hijo al mundo. Siendo una persona con tendencia a la ansiedad, tengo mucha curiosidad por ver cómo la voy a manejar (sobre todo porque estoy teniendo un embarazo perfecto y, aún así, todas las pequeñeces que he pasado me han puesto los pelos de punta).

Sin embargo, creo que lo que más voy a recordar es esto de llevar a alguien dentro. Si soy sincera, todavía hoy me parece increíble. Que, de la nada más absoluta, un ser humano se haya creado, formado y desarrollado dentro de mí, preparándose para salir al mundo, es una de las ideas más locas y maravillosas que se me ocurren. Ahora mismo soy la que mejor le conoce y yo soy su hogar. Saldrá indefenso y yo seré la persona más indicada para darle la paz en la que ha vivido durante 9 meses. Todo esto suena muy cursi, pero no por eso deja de ser cierto y eso me asombra y aterra a partes iguales: me parece increíble que nuestros cuerpos sean capaces de esto y me abruma la responsabilidad de ser tan imprescindible para el bienestar de otro ser humano al que aún no conozco.

embarazada

Dicho esto, durante estos meses también estoy acumulando otras reflexiones que no tienen que ver con la maternidad ni el embarazo en sí mismos:

4 ideas de embarazada que no van sobre el embarazo

  1. Jamás pensé que pudiera engordar 12kg y no sentirme miserable por el camino. Sin embargo, aquí estoy más feliz que una perdiz. Me intriga saber cómo quedará mi cuerpo, qué me dirá la báscula y cómo me sentiré yo al respecto.
  2. Puedo vivir con tres pantalones, un par de zapatillas y las mismas cinco camisetas durante meses. Una de las cosas que me prometí a mí misma fue no volverme loca con la ropa premamá, así que me compré lo justo y necesario para poder aprovechar al máximo toda mi ropa normal. El propósito salió bien a medias y he terminado usando las mismas cuatro cosas una y otra vez porque son las que mejor me van. Sin quererlo, el embarazo me ha regalado un armario cápsula. La experiencia me ha animado a reflexionar más sobre mi consumo de ropa, mi estilo personal y el minimalismo en general. De hecho, pretendo replicar el experimento de aquí a unos meses cuando vuelva a tener una talla de ropa más o menos fija que me permita crear un armario de sólo 33 prendas.
  3. Aunque siempre he comido de forma saludable y  nunca me he bañado en petróleo, nunca he prestado verdadera atención a mi alimentación ni a la composición de los productos de higiene o belleza que utilizo hasta que me quedé embarazada. No es que haya empezado a comprar todo orgánico y que ahora mis cremas sean caseras, pero sí soy mucho más consciente de la importancia de los productos que escogemos para cuidar nuestro cuerpo.
  4. Quizás lo más sorprendente de todo: me he vuelto más ordenada. El más es importante porque no creo que nunca llegue a ser una persona de orden total (me volvería loca). Sin embargo, en mi caso, el síndrome del nido es totalmente real y siento la necesidad de que mi alrededor tenga una estructura y una limpieza que antes me eran totalmente indiferentes. En este caso, el más damnificado está siendo mi pobre compañero de piso y marido y desde aquí le doy gracias por su paciencia, aunque también le confieso que es una nueva faceta mía que me gusta y pretendo mantener.

El pequeño T aún no ha salido y no parece tener ninguna prisa por hacerlo, pero no le va a quedar más remedio que aparecer y lo pondrá todo patas arriba. Para ser alguien que se meneja tan mal con la incertidumbre, me esperan unos meses muy divertidos. Espero entonces volver a este post para recordar cómo era el mundo antes de que tenerle conmigo.

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