Los motivos de este parón y algunos miedos

miedo aprender a conducir Photo by Tomasz Zagórski on Unsplash

Llevo más de un mes desaparecida, lo sé. También sé que no hay grupos organizados de lectores indignados por ello, pero me había propuesto cuidar más este espacio y no lo estoy cumpliendo. Lo que he estado haciendo, en su lugar, es tachar algunas de las cosas que anoté en mi última lista de propósitos: dando clases de conducir y cursando un taller online de literatura creativa. A todo esto hay que sumar al Pequeño (ya no tan pequeño) T y no, no me da la vida. En estas semanas he conseguido coger el coche de nuevo y escribir un relato semanal. Las dos cosas me han dado (y me dan) terror y por eso mismo estoy un poquito orgullosa de ellas.

En enero me caducará un carnet de conducir que no he usado jamás. Lo pasé realmente mal durante las clases de la autoesceula, y me costó muchísimo dinero y esfuerzo pasar el examen práctico. Aquel dineral salió directamente de mi bolsillo, así que la experiencia me dolió especialmente. Además, una vez tuve el carnet en la mano lo que no tuve fueron oportunidades para practicar, así que todos los malos ratos de entonces cayeron en saco roto. Nueve años más tarde, con buenas dosis de nervios y pánico, he vuelto a conducir. Meterme por el paseo de la Castellana o por determinados tramos de autopista sigue dándome miedo, pero sigo trabajando en ello y creo que lo lograré. Mi yo conductor del pasado, lleno de ansiedad y arruinado, se siente aliviado por estar amortizando, por fin, la inversión de entonces.

escritura creativa

Por otra parte, aunque no nueve años, sí que hacía muchísimo tiempo que no escribía ficción. Ahora aprendo y me pongo a prueba cada semana. Experimentar la fobia a la hoja en blanco y al cursor parpadeante del procesador de texto. Empezar a escribir sabiendo que me está saliendo un churro, pero no poder parar por tener una fecha de entrega. Compartir textos con compañeros y profesores que saben muchísimo más que yo (y que tienen muchísima más experiencia). Poner a prueba mi creatividad y exponerme a las críticas. Leer relatos mil veces mejores que los míos y preguntarme, una y otra vez, por qué no se me ocurrió a mí primero. Pensar por qué me molesto en intentarlo si no me sale nada bueno. Alegrarme cuando un ejercicio me divierte o gusta a otros. Y practicar, practicar, practicar. Escribir y compartir mis relatos semanales está siendo uno de mis mayores exámenes de vulnerabilidad y eso siempre da miedo.

O sea, que llevo más de un mes desaparecida, pero (creo) bien aprovechado. Ahora estoy en mis últimas semanas antes de volver al trabajo, antes de arrepentirme por haberme quejado de la lata que me da El Pequeño T, y este es otra clase de miedo. Espero poder superarlo también.

 

 

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