Los 5 productos para bebés que menos he usado

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Cuando estaba embarazada hicimos una lista con todas los productos para bebés que (pensábamos) debíamos tener antes de que naciera T. En las últimas semanas antes del parto me agobiaba no tener todo a punto y tachar cosas de nuestra lista me daba mucha tranquilidad. Dentro de lo incontrolable que son el embarazo, el parto y no digamos ya el postparto, la lista me daba cierta sensación de control. Y a mí me gusta controlar las cosas.

Metimos un montón de artículos de puericultura que acabamos consiguiendo de segunda mano, comprando o que nos regalaron. Cuando nació mi hijo una inmensa mayoría de cosas demostraron ser totalmente prescindibles. Algunas, directamente inútiles para nosotros. Vamos, que me las podía haber ahorrado. Para quien pueda servir, aquí va nuestra lista de los cinco artículos para bebés que menos nos han servido:

1 – Cuna de colecho

Antes de tener a T, en mi cabeza, nuestras noches iban a ser algo así: yo le daría el pecho, le dejaría en su cuna de colecho junto a mí y se dormiría hasta su siguiente toma (me leo ahora y me da la risa). La realidad fue que la cuna desarrolló pinchos invisibles y, en cuanto mi hijo rozaba el colchón, empezaba a llorar como si le mataran. Es más, lloraba en cuanto le separaba un centímetro siquiera de mí y solo se dormía al pecho. El colecho (o coteta, como le oí una vez a otra madre) se convirtió en nuestra única opción.

La cuna de colecho que con tanto interés habíamos escogido, por la que cambiamos la distribución de nuestro dormitorio solo para que encajase bien, se quedó en nuestro cuarto hasta que T tuvo 6 meses. Ha sido la mesilla de noche más cara que he tenido nunca.

2 – Chupetes y chupeteros

En nuestra lista había un chupete. Mi matrona me había aconsejado los blandos de una pieza para que no se lo pudiera clavar si se movía dormido. También me había aconsejado que no se lo ofreciese hasta que tuviera un mes o hasta que nuestra lactancia estuviera perfectamente establecida.

Pues bien. A mí nadie me había hablado de la opción de no ofrecer chupete. Sé que es rídiculo porque es evidente que la opción siempre ha estado ahí,pero toda vida mi vida había visto el binomino bebé-chupete como algo indisoluble. Más o menos tiempo, todos los bebés usaban uno. Sabía que algunos lo rechazaban, pero no se me había pasado por la cabeza la opción no de no llegar a dárselo. Al final, cuando T cumplió un mes me encontré con dos cosas: ni él tenía interés en aquel sustituto de pezón (prefería el original) ni yo quería que lo tuviera.

Al final no hemos utilizado ni el chupete que compramos, ni los que nos regalaron con la mejor de las intenciones, ni los chupeteros que fuimos coleccionando.

manos madre bebe

3 – Biberones (en plural)

A la lista de ideas preconcebidas que tenía sobre la maternidad hay que sumar una más. Yo me había hecho a la idea de que, una vez establecida la lactancia, de vez en cuando me sacaría leche y otra persona se la daría a T en mi lugar. De hecho, además de una caja con varios biberones también compré un sacaleches. Pues bien, aquel momento tampoco llegó.

Hasta que no me empecé a trabajar, cuando mi hijo ya tenía 6 meses, no tuve necesidad de darle tomas diferidas. Ese ha sido único motivo por el que T ha usado biberón porque nunca se me pasó por la cabeza que otro le diera de comer. Yo lo hacía encantada de la vida y, además, logísticamente siempre era la opción más fácil. La más limpia, la más rápida.

Cuando llegó el momento de que tomase leche de un biberón (porque él no estaba listo para sustituir ninguna toma por sólidos, pero otro bebé sí podría estarlo) nuestro caballo de batalla no fue el biberón, sino la tetina. Nos costó unas cuantas visitas a la farmacia dar con una que le convenciera para comer. Sin embargo, biberones solo hemos utilizado uno. Uno solo. El resto de los que compré “para tener de repuesto” están cogiendo polvo.

4 – Dosificadores de leche en polvo

Este fue un regalo que me hicieron con toda la buena intención del mundo, pero que por motivos obvios no hemos utilizado jamás. Lo más llamativo es que quien lo regaló lo hizo sabiendo que estaba dando el pecho, pero debía de suponer que lo acabaría dejando.

En general, creo que cualquier regalo relacionado con la lactancia, materna o artificial, no es una buena idea a no ser que estés muy seguro de cuál es la opción escogida por la madre.

5 – Esterilizador

Este es el rey de nuestros productos inútiles y es solo culpa mía. Lo vi en oferta y pensé que era demasiado buena como para dejarla pasar. Ahora bien, repasemos. Si mi hijo no usa chupete y hasta los seis meses no se metió un biberón en la boca, ¿qué narices iba a esterilizar yo? ¿Qué esterilización iba a merecer tanto la pena como para montar aquel cacharro en vez de usar una cazuela de agua hirviendo como se ha hecho toda la vida? Jamás hemos utilizado el esterilizador. Ni una sola vez. Aún tiene el precinto puesto.

Esa es solo mi experiencia personal. Aunque para mí estos hayan sido los cinco productos para bebés menos útiles, cualquier madre que haya optado por la lactancia artificial no habría podido prescindir de varios de ellos. Cada familia es diferente. En nuestro caso, los primeros meses de T se habrían solventado perfectamente con pañales, artículos de aseo básicos, unos cuantos bodies, pijamas y nuestro fular de porteo para ir bien pegados todo el día. Lo único que mi hijo necesitó durante meses fue a mí. La de agobios por conseguir todo lo de nuestra lista y la de dinero que habríamos ahorrado si hubiera tenido la paciencia de esperar para descubrirlo.

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