Lectura para una boda civil: un poema persa sobre el matrimonio

Porta alianzas lámina de madera

En los últimos años he ido a bastantes bodas (cosas de la edad). Eso sí, la mía ha sido la única boda civil en la que he estado (cosas de la economía, que no me permite ir a todas a las que me invitan). Así que estoy harta de escuchar el Cantar de los Cantares o la carta del apóstol San Pablo a los Efesios (hits en las bodas a las que he asistido y cuyos nombres prometo que he tenido que buscar en Google), pero me faltan referentes si pienso en lecturas para bodas civiles.

Siempre me ha llamado la atención cómo los curas intentan que las ceremonias religiosas sean lo más personales posible, amenas para los invitados y llenas de significado para los novios. En la gran mayoría de los casos creo que lo consiguen, al menos en el último punto. Sin embargo, nunca me ha parecido que estas ceremonias o los textos que se leen en ellas reflejen la idea que yo tengo del matrimonio o del amor romántico. Por ejemplo, yo no creo en la entrega. Tampoco creo que formar una pareja implique la fusión de dos personas.

Por eso fue una sorpresa que, tras cierto tiempo planificando nuestra boda civil, la lectura perfecta para la ceremonia se nos apareciera por casualidad. Ni siquiera teníamos pensado leer nada cuando nos encontramos con que, si queríamos, el concejal que nos casaba leía un texto persa del que yo no había oído hablar en la vida y que resumía a la perfección la idea que yo tenía sobre el matrimonio y sobre convivir (el con- es muy importante) en pareja.

Boda de otoño con vestido de Otaduy

Lo que sigue es una transcripción de la lectura que hizo ese concejal, vestido con vaqueros y un jersey marrón lleno de bolitas, mientras el señor P y yo nos casábamos delante de una parte de nuestra familia y amigos.

El matrimonio, de Khalil Gibrain

Entonces, Almitra habló otra vez:

¿Qué nos diréis sobre el matrimonio, maestro?

Estaréis juntos.

Pero dejad que crezcan espacios en vuestra cercanía.

Y dejad que los vientos del cielo libren sus danzas entre vosotros.

Amaos con devoción, pero no hagáis del amor una atadura.

Haced del amor un mar móvil entre las orillas de vuestras almas.

Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de la misma copa.

Compartid vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.

Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente. Las cuerdas de un laúd están separados aunque vibren con la misma música.

Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero se adueñe de él. Porque solo la mano de la vida puede contener los corazones.

Y permaneced juntos, pero no demasiado juntos. Porque los pilares que sostienen el templo están separados. Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés, ni el ciprés bajo la del roble.

Las fotos de este post son una selección de las fotografías que Alba May tomó para nosotros ese día.

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